Música y festival

Barretos en la televisión: el sertanejo se vuelve lenguaje de festival nacional

Con Gusttavo Lima en el centro de la arena, transmisión nacional y Chitãozinho & Xororó anunciados para 2027, la Festa do Peão muestra cómo el sertanejo disputa memoria, escala y futuro en Brasil.

La Festa do Peão de Barretos terminó su 71ª edición el 30 de agosto de 2026 dejando una imagen más amplia que la de un gran evento rural. Lo que apareció en el escenario, en la televisión y en el anuncio para 2027 fue la consolidación del sertanejo como lenguaje de festival nacional: capaz de reunir memoria popular, industria audiovisual, turismo, negocios locales y una disputa simbólica sobre lo que Brasil reconoce como cultura de masas.

El hecho confirmado es sencillo: Gusttavo Lima volvió a Barretos como embajador de 2026, hizo dos presentaciones en el Palco Estádio y autorizó la transmisión por Globo. La fiesta también anunció a Chitãozinho & Xororó como embajadores de 2027, usando un fragmento de "Evidências" como eslogan de la próxima edición. La interpretación empieza ahí: Barretos deja de ser solo el lugar donde el sertanejo celebra su propia tradición para comportarse como una plataforma nacional de narrativa cultural.

Gusttavo Lima en el escenario de la Festa do Peão de Barretos 2026 durante una presentación en el Palco Estádio.
Gusttavo Lima volvió al centro de Barretos en 2026 como embajador de la fiesta.

El regreso de Gusttavo Lima al centro de la arena

Gusttavo Lima volvió a la Festa do Peão de Barretos después de tres años ausente. Según gshow, el cantante fue embajador de la 71ª edición y su última participación anterior había sido en 2022. El regreso tuvo peso porque Barretos ayudó a consolidar el título de "embajador" que lo acompaña desde 2017, cuando asumió por primera vez ese puesto simbólico en la fiesta.

Billboard Brasil registró que la presentación del 22 de agosto reunió a más de 40.000 personas en el Palco Estádio y estuvo rodeada de un repertorio de éxitos. La presencia de Jeninho, el MC Peão, con "Peão Todo Tatuado", sumó otro dato importante: el sertanejo de arena ya conversa con lenguajes de internet, personajes virales y una estética popular que ya no cabe solamente en la etiqueta tradicional del género.

En el cierre, la prensa registró un show largo, atravesando la madrugada y reafirmando una característica histórica de Barretos: el espectáculo no termina en el horario común del circuito de salas de conciertos. Está diseñado como rito colectivo, con espera, resistencia física, amanecer y permanencia. En términos culturales, eso acerca la fiesta a otros grandes eventos brasileños en los que el público no solo va a escuchar música, sino a participar de una escena.

Gusttavo Lima se emociona durante un show en la Festa do Peão de Barretos 2026.
El regreso del cantante fue tratado como uno de los momentos centrales de la edición de 2026.

La televisión como escenario ampliado

Globo llevó Barretos a la televisión abierta, Multishow y Globoplay. La información es pública: la cobertura multiplataforma transmitió el show de Gusttavo Lima y preparó contenidos sobre personajes, bastidores y comportamiento vinculados al festival. El dato no es solo técnico. Cuando un evento regional entra en una estrategia nacional de pantalla, cambia de escala y también cambia de función.

La transmisión transforma la arena en una imagen compartida. Quien está en el Parque do Peão vive el calor, la espera, el desplazamiento y el cuerpo a cuerpo. Quien mira desde casa recibe otra experiencia: editada, encuadrada, narrada y conectada al hábito televisivo. Barretos gana alcance; la televisión gana un espectáculo popular ya probado por el público; el sertanejo gana otra vitrina de legitimidad.

La nota de UOL mostró que, según Pedro Muzetti, director artístico del evento, la organización habló con Gusttavo Lima para liberar la exhibición. Él afirmó que el cantante quiso saber si la transmisión sería importante para la fiesta y aceptó. Ese punto importa porque revela la relación entre artista, festival y medios: no es solo una negociación de programación, sino una alianza de imagen.

Chitãozinho & Xororó en el escenario al ser anunciados embajadores de la Festa do Peão de Barretos 2027.
La elección de Chitãozinho & Xororó para 2027 vinculó Barretos con la memoria de Evidências.

Barretos como máquina cultural

Folha de S.Paulo informó que la edición de 2026 terminó después de 11 días de montas y 150 shows. También registró inversiones de R$ 30 millones en infraestructura, expectativa de ingresos de R$ 600 millones y público cercano a 1 millón de visitantes. Esos números ayudan a entender por qué Barretos no puede leerse solamente como fiesta temática.

El evento opera como máquina cultural. Hay música, rodeo, comercio, hospedaje, transmisión, patrocinio, turismo y calendario. La fiesta organiza una ciudad temporal alrededor de un imaginario: sombrero, arena, canción clásica, escenario gigante, camarote, camping y madrugada. Es una estética de pertenencia, pero también una economía de circulación.

Según UOL, la curaduría empieza prácticamente cuando termina la edición anterior. Con cerca de 150 shows, la grilla debe acomodar figuras consagradas, novedades y artistas de otros géneros. Eso confirma una tensión productiva: Barretos necesita preservar la raíz sertaneja y, al mismo tiempo, abrirse a públicos que llegan por el pop, la música electrónica, el piseiro, el forró, el humor de redes o simplemente por la experiencia de festival.

"Evidências" como memoria pública

El anuncio de Chitãozinho & Xororó como embajadores de 2027 tiene fuerza porque desplaza el foco del artista del presente hacia la memoria colectiva del género. Folha informó que el eslogan elegido para la próxima edición será un fragmento de "Evidências", canción compuesta por José Augusto y Paulo Sergio Valle y grabada por el dúo en 1990.

La elección funciona porque "Evidências" ya superó el circuito sertanejo. Se canta en karaokes, bodas, bares, fiestas universitarias, estadios y programas de televisión. Cuando Barretos la transforma en lema, la fiesta asume que su patrimonio no está solo en el rodeo o en el escenario, sino en la capacidad de producir estribillos comunes.

Hay un gesto de continuidad: Gusttavo Lima ocupa 2026 como embajador de arena, cuerpo y escala; Chitãozinho & Xororó entran en 2027 como embajadores de archivo afectivo. Así, el sertanejo se presenta en dos temporalidades. Una mira el show como evento de masas; la otra mira la canción como memoria social.

El sertanejo entre raíz, pop y mercado

La conversación sobre Barretos suele oscilar entre celebración y prejuicio. Por un lado, hay quienes ven la fiesta como símbolo de una cultura popular potente. Por otro, hay quienes la reducen a mercado, patrocinio o entretenimiento ruralizado. Las dos lecturas aisladas son insuficientes. Barretos es justamente el lugar donde raíz y mercado dejan de ser opuestos simples.

El sertanejo contemporáneo aprendió a operar como pop: imagen fuerte, estribillo directo, circulación digital, colaboraciones, grandes escenarios y narrativa de superación. Pero no abandona completamente sus códigos de origen. La bota, el berrante, el caballo, el amanecer y el clásico siguen organizando reconocimiento. La novedad es que esos signos ahora conviven con LED, streaming, cobertura multiplataforma y estrategias de marca.

Cuando Pedro Muzetti dice a UOL que le gustaría llevar a futuras ediciones nombres del country pop internacional como Luke Combs, Morgan Wallen y Ella Langley, señala una ambición de puente. El hecho confirmado es el deseo declarado; la lectura cultural es que Barretos mira hacia una internacionalización selectiva, acercando el country estadounidense al sertanejo brasileño sin disolver la identidad del evento.

Lo que esta edición deja para São Paulo

Barretos queda en el interior paulista, a cientos de kilómetros de la capital, pero su repercusión atraviesa São Paulo de manera directa. La fiesta mueve turismo, medios, conversación cultural y la percepción de que la producción simbólica del estado no se resume al eje de museos, teatros, galerías y salas de conciertos de la capital.

Para quien observa la cultura urbana desde São Paulo, Barretos importa porque muestra otra forma de ocupar territorio. Mientras barrios como Vila Madalena condensan arte callejero, bares, circulación turística y vida nocturna en pocas cuadras, Barretos expande la lógica del encuentro a un parque entero, con duración prolongada e identidad musical dominante. Son modelos distintos, pero ambos dependen de presencia, desplazamiento y pertenencia.

El saldo de 2026 es claro: la Festa do Peão reforzó a Gusttavo Lima como figura de escala nacional, reposicionó la televisión como aliada del espectáculo sertanejo y preparó 2027 con Chitãozinho & Xororó y "Evidências" como memoria cantada. Becoartes observa este movimiento sin cambiar Vila Madalena por Barretos, pero entendiendo que la cultura brasileña también se mide por la forma en que sus públicos ocupan calles, arenas y pantallas.

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